sábado, 13 de noviembre de 2010

Elda - La Mola - Colegiales - Elda (Vuelta de Merced)

Las expectativas no eran muy altas como viene siendo habitual desde hace un tiempo. Quizá por ello nos presentamos en la churrería sólamente tres Glandes, y uno de ellos en excedencia. Tito, Merced y Milú, los tres Masqueperros de Alejandro Dumas o Plumas, no sé bien, dilucidando hasta dónde podríamos hacer camino los tres juntos. Tras el refrigerio habitual Tito y yo nos montamos en la bici y Merced se montó en el Transformer. ¡Qué espectáculo! El tío vestido de chándal y su cabeza parecía la mochila de Sport Billy, porque empezó a sacarse capas y yo pensé que al final se iba a extraer el cerebro y lo iba a plantar encima de la mesa. De exterior a interior llevaba: el casco de la bici, una gorra del chino marca Mike y debajo de todo el pañuelo de carbono. Que digo yo que menos mal que no hizo muchos kilómetros porque si empieza a subirle la temperatura corporal y a sudar, se le queda la testerola como la de una Nancy. Me río yo de los jíbaros!!

Pues Andrés subido en su chopper y los otros dos, nos fuimos hacia la avenida de Ronda y allí se despidió nuestro querido amigo mientras llamaba a Camús para comprarse una campana extractora que se le pudiera acoplar a su casco para que el humo que despedía su cabeza no le turbara la visión.

Desde allí Tito dijo que podríamos ir a La Romana y hacia allí fuimos. Una vez abandonado el camino del río le dije a Tito de subir al castillo de La Mola. Al comenzar la escalada la bici de mi compi empezó a hacer ruidos raros y una vez arriba descubrimos que se le había roto un radio de la rueda trasera. Le hicimos una ñapa y para abajo, pero yo desde atrás veía que la rueda bailaba cada vez más de lado a lado. Decidimos que lo más sensato sería volver, pero antes había que quitar ese radio porque parecía que enganchaba la cadena. Desmontamos la rueda y lo quitamos, pero la cadena seguía enganchándose cuando dejaba de pedalear. Así que le prohibí a Tito que dejara de hacerlo. Menuda cosa le había pedido yo a la elegancia pedalística personificada. Me llevó de cabeza por los colegiales y acabamos llegando a nuestro bar donde almorzamos con Merced un menú bioinsaludable.

A la espera de que vuelvan los buenos tiempos se despide hasta el próximo sábado vuestro amigo Milú.