Hace tiempo nos propusimos que al hacer las crónicas no caeríamos en las típicas alabanzas a cada uno que formaba parte de la expedición. Hoy tengo que saltarme el protocolo. Y lo tengo que hacer por dos motivos; el primero porque sólo fuimos dos los que salimos y así uno termina pronto; y segundo porque se trata de la persona que seguramente más se desviva por nuestro grupo, el Capi (Capi,Capi, Capi chulo). Me pareció increíble que alguien que ha estado un montón de tiempo en el dique seco y tras un día entero de celebraciones gastronómicas (con todo lo que ello implica) saliera el sábado a enfrentarse a una etapa como la de la Lloma Rasa, dura, pegajosa y larga. Y que además lo hiciera no sólo con solvencia sino con sobrada eficacia. Sí es verdad que me sorprendió una pregunta suya "¿Hacemos la que toca?". No sé si realmente fue una pregunta o esperaba que yo le dijera que no para cachondearse en mi cara. Pero si fue una pregunta y tratándose de Milú su acompañante, seguro que ya conocía la respuesta de antemano.
¿Frío? ¿Lluvia? ¿Resaca? Quien dijo miedo. Y como un entrañable lugareño de Albox que me encontré en una ocasión intentando ligarse a tremenda inglesa "Tú Nicol tira p'alante, sin no problem". Y allá que nos vamos. Como siempre que yo narro lo sucedido en nuestras andanzas, voy a obviar el itinerario seguido, más que nada por respeto. La subida moderna a Biar (no por la izquierda, ni por la derecha, sino por la moderna, que a Biar sólo nos falta llegar por ruta aérea) me encanta. Debe ser que vivendo en la ciudad en el momento veo dos pinos bordeando un camino de tierra me emociono, igualito que cuando llega el solecito y las prendas de ropa de las chicas empiezan a encoger. En esta temporada empiezo a recordar vagamente pasajes de la anterior y en esta subida recordé el envión que le dió Buce a Merced subiendo una de las cuestas.
Tras coronar el puerto de Biar yo llegué al extranjero: el desvío hacia el Reconco, territorio inexplorado. El Capi me iba anticipando en infierno que se nos avecinaba. Por eso y porque su rueda era mi faro me pareció que podíamos haberlo subido un par de veces más. Lo que pasa es que el tío debe tener firmado alguna cláusula con el Servicio Valenciano de Salud y si pone el plato pequeño lo inflan a hacer guardias y a hacer exploraciones prostáticas con el sentido del gusto y no con el tacto como es lo habitual. ¡Qué barbaridad!
Bajadita corta y de nuevo a subir hacia la Lloma Rasa por un terreno que la fina lluvia que caía convirtió en pegamento para nuestras ruedas. Esta zona castigó bastante nuestras piernas, pero no lo suficiente como para coronar la última cuesta con desniveles del 21%. La bajada hasta Biar ya la disfrutar a rienda suelta hasta llegar al bar. Una vez allí le pedimos al cocinero que nos pasara las manos un ratico por la plancha para poderlas reanimar, pero el desgraciado dijo que ellos no cocinaban manitas de cerdo. Que buen rato me hizo pasar el Capi con su conversación y sus anécdotas. Así invertimos todo el tiempo que le habíamos sacado al cronómetro, porque parece ser que llegamos superando el mejor de los horarios previstos (cuentas que lleva el Capi). Lástima que el sudor (sí señores, a bajo cero y sudando) se empezara a enfriar y nos obligara a marcharnos. Con el frío agazapado en nuestros cuerpos le "sugerí" al Capi que aceleráramos un poco para calentarnos. Leche, casi nos pasamos de Elda, cómo tira este portento de tío. Me permitió hacerle un par de relevos pero cuando me salía de su rebufo parecía que llevara a dos enanos enganchados a mi bici haciendo esquí.
En definitiva, Lloma Rasa es una etapa preciosa en cuanto a paisaje, dura en cuanto a la orografía del terreno y gratificante en cuanto al reto personal de culminarla. Pero sin duda alguna, para alguien como el Capi que disfrutó de esta etapa el año pasado en plena nevada e incluso para mí que por motivos por vosotros conocidos ha visto las fotos un par de millones de veces, fue un poco desilusionante no poder regocijarnos en las estampas que nos ofrecieron nuestros compañeros en la temporada pasada. De todos modos se trata de una experiencia inolvidable.
Jose Luis Marhuenda.
¿Frío? ¿Lluvia? ¿Resaca? Quien dijo miedo. Y como un entrañable lugareño de Albox que me encontré en una ocasión intentando ligarse a tremenda inglesa "Tú Nicol tira p'alante, sin no problem". Y allá que nos vamos. Como siempre que yo narro lo sucedido en nuestras andanzas, voy a obviar el itinerario seguido, más que nada por respeto. La subida moderna a Biar (no por la izquierda, ni por la derecha, sino por la moderna, que a Biar sólo nos falta llegar por ruta aérea) me encanta. Debe ser que vivendo en la ciudad en el momento veo dos pinos bordeando un camino de tierra me emociono, igualito que cuando llega el solecito y las prendas de ropa de las chicas empiezan a encoger. En esta temporada empiezo a recordar vagamente pasajes de la anterior y en esta subida recordé el envión que le dió Buce a Merced subiendo una de las cuestas.
Tras coronar el puerto de Biar yo llegué al extranjero: el desvío hacia el Reconco, territorio inexplorado. El Capi me iba anticipando en infierno que se nos avecinaba. Por eso y porque su rueda era mi faro me pareció que podíamos haberlo subido un par de veces más. Lo que pasa es que el tío debe tener firmado alguna cláusula con el Servicio Valenciano de Salud y si pone el plato pequeño lo inflan a hacer guardias y a hacer exploraciones prostáticas con el sentido del gusto y no con el tacto como es lo habitual. ¡Qué barbaridad!
Bajadita corta y de nuevo a subir hacia la Lloma Rasa por un terreno que la fina lluvia que caía convirtió en pegamento para nuestras ruedas. Esta zona castigó bastante nuestras piernas, pero no lo suficiente como para coronar la última cuesta con desniveles del 21%. La bajada hasta Biar ya la disfrutar a rienda suelta hasta llegar al bar. Una vez allí le pedimos al cocinero que nos pasara las manos un ratico por la plancha para poderlas reanimar, pero el desgraciado dijo que ellos no cocinaban manitas de cerdo. Que buen rato me hizo pasar el Capi con su conversación y sus anécdotas. Así invertimos todo el tiempo que le habíamos sacado al cronómetro, porque parece ser que llegamos superando el mejor de los horarios previstos (cuentas que lleva el Capi). Lástima que el sudor (sí señores, a bajo cero y sudando) se empezara a enfriar y nos obligara a marcharnos. Con el frío agazapado en nuestros cuerpos le "sugerí" al Capi que aceleráramos un poco para calentarnos. Leche, casi nos pasamos de Elda, cómo tira este portento de tío. Me permitió hacerle un par de relevos pero cuando me salía de su rebufo parecía que llevara a dos enanos enganchados a mi bici haciendo esquí.
En definitiva, Lloma Rasa es una etapa preciosa en cuanto a paisaje, dura en cuanto a la orografía del terreno y gratificante en cuanto al reto personal de culminarla. Pero sin duda alguna, para alguien como el Capi que disfrutó de esta etapa el año pasado en plena nevada e incluso para mí que por motivos por vosotros conocidos ha visto las fotos un par de millones de veces, fue un poco desilusionante no poder regocijarnos en las estampas que nos ofrecieron nuestros compañeros en la temporada pasada. De todos modos se trata de una experiencia inolvidable.
Jose Luis Marhuenda.
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| De Lloma Rasa |

1 comentarios:
¡valla par de Crack! se nota que ha vuelto El capi, "la que toca se hace" llueva, nieve,caigan rayos o te mueras de calor, da igual se hace y punto.
A toda la family + Glande os deseo ¡feliz navidad y un gran año nuevo 2011! Eso sí sin crisis, sin lesiones y con grandes éxitos
tanto profesionales, como particlares y deportivos.
Un abrazo.
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