sábado, 22 de enero de 2011

Barranco de Tagüenga

Este sábado, 22 de Enero de 2011, no hemos hecho una ruta ciclista, hemos hecho un episodio de "Desafío Extremo". Los cinco grados bajo cero de Elda -véase fotos- y los ocho bajo cero de Castalla -véase mi Polar- encima de una bicicleta y con el viento en contra, que aumentaba la sensación de rasca y que ha convertido el misil de Mamma Luna (English) en un cacahuetil apegaico a los huevecicos y envuelto en el papel de Albal que forma los pelillos, han dejado a la altura del betún a un tal Jesús Calleja que sale, de vez en cuando, en la cajita tonta. Quizás por ello, no he entrado en calor hasta bien entrada la mañana y también quizás por ello, hemos llevado un ritmo "diferente". Mis dos únicos compis de hoy, Milito y Milú, no han debido de pensar lo mismo, porque han osado a amenazarme con dos hostias cada uno si no bajaba la velocidad crucero. ¡A mí, al Macho Alfa! ¿Qué ya no se respetan los galones? ¡Si solo era para calentarme un poco! Aunque, pensándolo bien, la ósmosis inversa funciona, ya que intentaba calentarme yo y, resulta, que los que se han calentado han sido ellos. Tanto se han calentado, que Milú ha tenido la temeridad de mear, sí como lo oís, mear, en Castalla sin acordarse del cuidado que debería de tener a la hora de espolsársela, por dos motivos, porque espolsársela más de dos veces es paja y, porque con el frío que hacía, era peligroso hacerlo. Ahora, su mujer Silvia, rota de dolor, conserva en un tarro con formol la parte más preciada de su marido. Pues bien, entre calentura y calentura hemos llegado a la Ermita de Santa Ana en Onil en donde hemos compartido segundos con nuestro-ex, El Buce, que iba con "su" grupo camino de ¡ay, que sabe nadieeeeeee! Bromas aparte, Javi es una buena persona y le honra haberse parado a saludarnos cuando nosotros no le habíamos visto. ¡Suerte, Javi! Sigamos. Entre caminos, verde, sendas, subidas y bajadas, hemos llegado a una zona que Milú, despistado como una pava en un baile, ha reconocido tras ver el molino, en otro tiempo lleno de nieve, rememorando aquellas bolas de nieve que tanto él como Merced me lanzaron, gracilmente, cuando intentaba hacer una foto. Y fue entonces, cuando imitando al famoso matemático y astrólogo Arquímedes, exclamó aquello de: "¡¡¡Eureka!!!, ahora me acuerdo, estamos llegando a los Juncos de Merced". Sí, Milú, sí, pero antes tenemos que pasar por la "derecha" de una zona en donde nos esperan agradables sorpresas en forma de maleza y ramas, que nos van a golpear cariñosamente para darnos la bienvenida. ¡Putas ramas! ¿Quién coño las puso allí si el año pasado no estaban? Bueno, entre rama y ramazo llegamos a ese paraje histórico orgullo de Los + Glandes, en donde rendimos un merecido homenaje a la memoria de aquel famoso plongeón, primero en forma de parada militar y, más tarde, en forma de exploración ginecólogo-proctológica que hizo las delicias de mi traumatizada Panasonic. Desde aquí hasta la Venta de los Cuernos -por el nombre parece que en otro tiempo fue un puticlub- solo carretera y subida. Pero pronto la abandonamos para adentrarnos en ese casi olvidado paraje del Barranco de los Molinos y que ha maravillado a mis compis, especialmente a Milú que ha prometido volver con su familia. Y como por arte de birli birloque y tras dos semanas sin hacerlo, allí estábamos ¡¡en un bar!!, sentados y desayunando sin echar mano a nuestros bocatas, que tanto han dado que hablar en las últimas semanas. Buen desayuno, caro pero bueno, con unos carajillos raros de cojones pero igualmente buenos y vuelta a Elda por la Vía del tren -con recuerdo incluido, de nuevo, de nuestro añorado Merced al subir el último metro de esa cuesta empinada que le hizo retroceder un poco- y los Valencianos, a toda leche, y con el único propósito de llegar a tiempo para meternos entre pecho y espalda una caipirinha -Capi y Milú, no pensar mal que Milito todavía es pequeñico para tomar alcohol y además tenía que llegar antes de las tres porque si no, se convertía en sapo-, acompañados por Tito y Pepito Jazmín que han acudido a la llamada de la berrea. He de deciros que gracias a Milú y un servidor se sigue manteniendo el nivel medio de alcoholemia que todo Glande debe tener. ¡A ver si contribuimos, eh! Y para terminar, mi admiración por Milú y Milito, auténticos jabatos donde los haya y mi recuerdo para los que no estuvieron con mi mítica frase. "¡A tomar por culo!".
Capi