Primero de todo quisiera disculparme ante mis compañeros y ante los dos o tres seguidores que tenemos en la red ante mi desidia por no haber elaborado la crónica que me correspondía en la etapa que discurrió por los chaparrales y por la senda que yo quise denominar "del eco", ante mi desconocimento real de su nombre.
Seguidamente y en nombre de todos los componentes de la familia Glande mostrar nuestro más sincero e incondicional apoyo a Diamar y al resto de la familia de nuestro pequeño gran héroe, Xapeau, para que les ayude a superar lo antes posible su "pequeño" bache. Ánimo y a por las put** T3 y T4.
Bueeeeno. Pues en eso que estábamos discutiéndole al Merced que lo más prudente para nuestra integridad física no era hacer las trialeras del Cid o el descenso kamikaze con los ojos bendados por las hermosas como él proponía, sino dedicarnos al ciclismo contemplativo en una ruta bastante más monótona como la de Caudete. Y después de una acalorada discusión en la que casi llegamos a las manos (para hacer manitas, no para otra cosa, claro) cayó del burro y aceptó que hiciéramos esa ruta. En eso que la churrería Bermúdez se iluminó sobremanera cuando atravesó la puerta la refulgente y estilizada figura de un ser superior, mezcla de Hércules y Adonis, que se acercó a saludarnos. La iluminación se apagó. Era Pepito Jazmín. El tío venía sin afeitar, sin descansar y diciendo que se veía menos que un gato de escayola, aunque todo esto se lo estaba contando a un paragüero que estaba al lado nuestro hasta que se dio cuenta que sus amigos eran los bultos que adivinaba sentados alrededor de una mesa.
De la ruta no voy a contar nada porque me puedo dormir y como sé que hay lectores que leen las crónicas saltándose párrafos enteros, pues como que no me voy a arriesgar, no sea cosa que me eliminen de la academia por falta de audiencia.
Entre que Xapeau está tirando del carro con un par de criadillas más grandes que las de los bisontes americanos, que el Capi está haciendo la guerra y no el amor, disparando bolitas de pintura e inflándose a infusiones de Manzapol y que el English tiene more family business than the Addams Family, quedamos cinco para jartarnos de peladear. Titus Magnificus, Largo el Ministre, Milito el hombre que susurraba a las hormigas, Merced el de la Chopper, y yo, Milú el que se queja por vicio.
Ya estamos llegando a Caudete cuando Merced, con los ojos inundados en lágrimas grita "Chavales, que estoy en Caudete" y Tito sentencia que aquí el que más larga la tiene... Unos compañeros ciclistas nos comentaron durante el camino que podíamos almorzar en el "Maxi", que era mejor y más barato que el Bar Sala de nuestros amores. Huy, huy, huy "mosca té el guisao", que dirían en mi pueblo. Nosotros fuimos a lo seguro, pero es verdad que algo ha cambiado en el Sala porque no nos quedamos convidados para volver con el deseo con el que lo habíamos hecho hasta ahora. Ahora, el servicio sí ha mejorado en estética cambiando al simpático ¿Pablo? por una rubia bien parecida.
¿La vuelta? Pues con la mirada puesta en el reloj, porque ahora está de moda lo de "a la una en casa". Aunque siempre hay un hueco para una cervecita. Esta vez Antonio me preguntó si quería ir a la "esencia de Elda", para tomarme ese delicioso brebaje. Yo pensé que mira por donde iba a visitar El Fumeral del que yo tanto había oído nombrar, pero resulta que no, que íbamos a "Los Tanques". Efectivamente me llevé una grata sorpresa cuando conocí el lugar y a su dueño, Luis (¿todos los dueños de los bares a los que vamos se llaman igual?) que nos ofreció una jarras cerveza en vías de enfriarse y un platito de calamares de bolsa fritos con aceite multiuso. Pero nos sentaron como gloria bendita.
Y nada más. La semana que viene nos deparará una nueva sorpresa en cuanto a nuestro destino, porque está claro que este año el calendario está siendo vapuleado por las inclemencias personales de los miembros de una familia que, pese a las vicisitudes, se mantiene unida y se mantendrá por los siglos de los siglos, amén.
FDO: MILU
Seguidamente y en nombre de todos los componentes de la familia Glande mostrar nuestro más sincero e incondicional apoyo a Diamar y al resto de la familia de nuestro pequeño gran héroe, Xapeau, para que les ayude a superar lo antes posible su "pequeño" bache. Ánimo y a por las put** T3 y T4.
Bueeeeno. Pues en eso que estábamos discutiéndole al Merced que lo más prudente para nuestra integridad física no era hacer las trialeras del Cid o el descenso kamikaze con los ojos bendados por las hermosas como él proponía, sino dedicarnos al ciclismo contemplativo en una ruta bastante más monótona como la de Caudete. Y después de una acalorada discusión en la que casi llegamos a las manos (para hacer manitas, no para otra cosa, claro) cayó del burro y aceptó que hiciéramos esa ruta. En eso que la churrería Bermúdez se iluminó sobremanera cuando atravesó la puerta la refulgente y estilizada figura de un ser superior, mezcla de Hércules y Adonis, que se acercó a saludarnos. La iluminación se apagó. Era Pepito Jazmín. El tío venía sin afeitar, sin descansar y diciendo que se veía menos que un gato de escayola, aunque todo esto se lo estaba contando a un paragüero que estaba al lado nuestro hasta que se dio cuenta que sus amigos eran los bultos que adivinaba sentados alrededor de una mesa.
De la ruta no voy a contar nada porque me puedo dormir y como sé que hay lectores que leen las crónicas saltándose párrafos enteros, pues como que no me voy a arriesgar, no sea cosa que me eliminen de la academia por falta de audiencia.
Entre que Xapeau está tirando del carro con un par de criadillas más grandes que las de los bisontes americanos, que el Capi está haciendo la guerra y no el amor, disparando bolitas de pintura e inflándose a infusiones de Manzapol y que el English tiene more family business than the Addams Family, quedamos cinco para jartarnos de peladear. Titus Magnificus, Largo el Ministre, Milito el hombre que susurraba a las hormigas, Merced el de la Chopper, y yo, Milú el que se queja por vicio.
Ya estamos llegando a Caudete cuando Merced, con los ojos inundados en lágrimas grita "Chavales, que estoy en Caudete" y Tito sentencia que aquí el que más larga la tiene... Unos compañeros ciclistas nos comentaron durante el camino que podíamos almorzar en el "Maxi", que era mejor y más barato que el Bar Sala de nuestros amores. Huy, huy, huy "mosca té el guisao", que dirían en mi pueblo. Nosotros fuimos a lo seguro, pero es verdad que algo ha cambiado en el Sala porque no nos quedamos convidados para volver con el deseo con el que lo habíamos hecho hasta ahora. Ahora, el servicio sí ha mejorado en estética cambiando al simpático ¿Pablo? por una rubia bien parecida.
¿La vuelta? Pues con la mirada puesta en el reloj, porque ahora está de moda lo de "a la una en casa". Aunque siempre hay un hueco para una cervecita. Esta vez Antonio me preguntó si quería ir a la "esencia de Elda", para tomarme ese delicioso brebaje. Yo pensé que mira por donde iba a visitar El Fumeral del que yo tanto había oído nombrar, pero resulta que no, que íbamos a "Los Tanques". Efectivamente me llevé una grata sorpresa cuando conocí el lugar y a su dueño, Luis (¿todos los dueños de los bares a los que vamos se llaman igual?) que nos ofreció una jarras cerveza en vías de enfriarse y un platito de calamares de bolsa fritos con aceite multiuso. Pero nos sentaron como gloria bendita.
Y nada más. La semana que viene nos deparará una nueva sorpresa en cuanto a nuestro destino, porque está claro que este año el calendario está siendo vapuleado por las inclemencias personales de los miembros de una familia que, pese a las vicisitudes, se mantiene unida y se mantendrá por los siglos de los siglos, amén.
FDO: MILU
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